La inauguración del Mundial 2026 en el Estadio Azteca, renombrado temporalmente como Estadio Ciudad de México, estuvo marcada por un impresionante despliegue de seguridad, fuertes operativos policiales y momentos de tensión entre autoridades y manifestantes en las inmediaciones del recinto deportivo.
Mientras al interior del estadio se celebraba el partido inaugural entre las selecciones de México y Sudáfrica, en los alrededores del coloso de Santa Úrsula se encontraron dos realidades distintas: por un lado, la fiesta deportiva que concentró la atención mundial y, por otro, las movilizaciones de estudiantes, colectivos, organizaciones sociales, integrantes del magisterio democrático, familiares de personas desaparecidas y otros sectores que buscaron aprovechar los reflectores internacionales del evento para visibilizar sus demandas.
Para blindar el recinto, las autoridades implementaron el operativo denominado “Última Milla”, mediante el cual se desplegó un amplio contingente de elementos de seguridad, incluyendo cientos de policías antimotines, policías montados, vallas metálicas y barreras de concreto que bloquearon los accesos y establecieron un amplio perímetro de seguridad alrededor del estadio.
De acuerdo con los reportes de organizaciones y personas presentes en la jornada, los cercos policiales impidieron el avance de las movilizaciones a varios kilómetros a la redonda para evitar que los contingentes llegaran a las inmediaciones del partido inaugural. Diversos colectivos denunciaron que el actuar de los cuerpos de seguridad constituyó una represión contra el derecho a la protesta.
Durante la jornada se registraron momentos de alta tensión en distintos puntos del sur de la Ciudad de México. Contingentes estudiantiles lograron avanzar hacia la zona del estadio tras movilizarse por Avenida del Imán, donde posteriormente se encontraron con el dispositivo de seguridad conformado por policías antimotines, policía montada y otros cuerpos de seguridad que realizaron acciones de contención y encapsulamiento.
En las movilizaciones también participaron familiares de personas desaparecidas provenientes de distintos estados del país, quienes llevaron sus exigencias de búsqueda, verdad y justicia hasta las puertas del Mundial.
Asimismo, integrantes de medios independientes y de la Red Trinacional de Cobertura Antimundial (RETA) denunciaron restricciones y acciones policiales contra personas que realizaban labores de documentación y cobertura de las manifestaciones.
Por su parte, el Gobierno de la Ciudad de México afirmó que la instrucción dada a los cuerpos de seguridad fue contener las movilizaciones sin agredir a las personas participantes. Sin embargo, manifestantes y organizaciones cuestionaron la dimensión del operativo y denunciaron que el cerco de seguridad limitó su posibilidad de acercarse al recinto y expresar sus demandas.
La jornada inaugural evidenció la confrontación entre la estrategia de seguridad implementada para resguardar uno de los eventos deportivos más importantes del mundo y los distintos sectores sociales que buscaron utilizar la atención internacional del Mundial para visibilizar sus reclamos en materia de derechos humanos, educación, memoria, territorio y justicia social.
