Triunfo para hispanohablantes: FIFA levanta prohibición del español en sus ruedas de prensa
Foto: AFP

Triunfo para hispanohablantes: FIFA levanta prohibición del español en sus ruedas de prensa

Por Irene Galindo

Tras la polémica por la rígida regla que impedía a los periodistas y futbolistas comunicarse en español en las salas de prensa de la Copa Mundial 2026, este lunes la FIFA ha dejado de restringir el uso de este idioma en sus ruedas de prensa oficiales y lo incorporará de forma sistemática a los servicios de interpretación remota y traducción simultánea en todas las reuniones con medios, independientemente de los países que disputen el encuentro previo o de la sede del partido. 

Según los lineamientos originales, las conferencias de prensa oficiales post-partido sólo podían desarrollarse en los idiomas de las dos selecciones del partido en cuestión y utilizando el inglés como la única lengua alterna. Cualquier otra configuración requería de una solicitud formal de traducción que la FIFA solía rechazar bajo el argumento de falta de intérpretes. 

Esto generó un escenario absurdo en las conferencias en EUA, donde se prohibía hablar español si las selecciones implicadas no eran de habla hispana, forzando a un buen número de comunicadores y deportistas a usar el inglés a pesar de poder comunicarse en español sin necesidad de traducción.

La rigidez burocrática provocó momentos de gran tensión que rápidamente se volvieron virales. Uno de los incidentes más comentados ocurrió cuando el moderador de la FIFA interrumpió de forma abrupta un intercambio en español entre el periodista mexicano Rodrigo Ornelas y el defensa marroquí Achraf Hakimi, quien domina el castellano. 

Situación similar ocurrió horas después con la estrella brasileña Vinícius Júnior, quien se vio obligado a colocarse los auriculares para recibir traducción al inglés de una pregunta en español formulada por un reportero, a pesar de que el futbolista insistió activamente en que se le permitiera responder directamente en castellano. 

La medida, catalogada por diversos sectores como una censura lingüística injustificable, chocó contra la innegable realidad sociodemográfica de Norteamérica, sede del torneo, donde más de 190 millones de personas son hispanohablantes.

En México, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el español es hablado por el 99.4 % de la población, lo que representa más de 131 millones de personas.

Por su parte, la Oficina de Censo de los Estados Unidos indica que este idioma se ha consolidado como el segundo con mayor presencia en este país, sumando más de 58.9 millones de hablantes (el 17.2 % de su población total), y con una concentración masiva en estados sede del mundial como California, Texas, Florida y Nueva York/Nueva Jersey, donde se disputarán las fases definitorias del torneo. 

Asimismo, Canadá registra más de 1.17 millones de hispanohablantes (aproximadamente el 3.2 % de la población total), con comunidades en constante crecimiento concentradas en áreas metropolitanas como Toronto y Vancouver, ciudades que también serán escenario de partidos mundialistas. 

En este contexto, las reacciones de rechazo por parte de los medios de comunicación y de las audiencias en las redes sociales no se hicieron esperar, desatando una nueva oleada de críticas contra la administración de Gianni Infantino.

Las coberturas de agencias de noticias como EFE y AFP visibilizaron el malestar generalizado, mientras que colectivos como Alianza por el Español denunciaron el desprecio sistemático hacia una lengua con estatus oficial en uno de los países sede. 

Periodistas y comentaristas deportivos señalaron la profunda incoherencia de que la FIFA promueva discursos institucionales de inclusión, multiculturalidad y diversidad global, mientras de forma paralela levanta barreras lingüísticas artificiales para obstaculizar el trabajo de la prensa hispanohablante. 

La rectificación de la FIFA representa un triunfo indiscutible para las comunidades hispanas y el reconocimiento formal de que el español no es un accesorio logístico opcional en el continente americano. El desenlace marca un precedente fundamental para la gestión de futuros megaeventos deportivos. En pleno siglo XXI, pretender gestionar un espectáculo global dando la espalda a una comunidad que supera los 590 millones de hablantes a nivel global no solo resulta comercialmente inviable, sino también culturalmente insostenible.